Las sociedades laborales, en posición privilegiada para crear capital social y construir otro modelo de desarrollo para Andalucía

Paula Rodríguez ha sido la Ganadora del Premio de Investigación del Consejo Económico y Social de Andalucía 2012 por la obra “El capital social como factor de innovación y desarrollo empresarial en Andalucía”

Las crisis económica, social e institucional en las que nuestra sociedad se halla inmersa han puesto en evidencia los fallos de un sistema económico capitalista altamente financiarizado y depredador que nos ha conducido a un nivel intolerable de desigualdad social con la acumulación del capital en unas pocas manos, el empobrecimiento de la mayoría de la población y el desempleo, precariedad o exclusión social de un elevado número de personas.

La debilidad o connivencia de las instituciones en la lucha contra los numerosos casos de especulación financiera desmedida y la corrupción han provocado asimismo la pérdida de la confianza de la ciudadanía en el sistema económico y político. En este contexto de crisis múltiples se necesita más que nunca crear y poner en valor el capital social con objeto de virar hacia un nuevo modelo de desarrollo, en el que se primen las inversiones productivas responsables sobre aquellas financieras especulativas, la cooperación entre todos los agentes, el compromiso con los trabajadores y con todo el entorno social y natural.

El capital social es una variable imprescindible a tener en cuenta en un nuevo modelo de desarrollo social sostenible y equitativo, pues está compuesto, en primer lugar, por los valores éticos y actitudes compartidos por la sociedad e imprescindibles para la cohesión social y la equidad, tales como la confianza, la reciprocidad, el compromiso cívico o la solidaridad y, en segundo lugar, por unas instituciones o reglas del juego eficientes. Estas instituciones formales e informales reducen los costes de transacción, es decir, los que lleva consigo realizar transacciones en los mercados y mejoran la capacidad de los individuos de relacionarse y trabajar en red, que constituye el tercer componente del capital social: las redes entre los agentes socioeconómicos y los recursos a los que se accede a través de ellas.

La interacción de estas tres dimensiones del capital social (redes, valores éticos y el marco institucional formal) conlleva beneficios tanto individuales, para cada uno de los agentes, como colectivos para la sociedad en su conjunto. En el ámbito particular de las empresas, el capital social disminuye la incertidumbre y los comportamientos oportunistas; incrementa el acceso a recursos externos (tangibles e intangibles); favorece la cooperación y la capacidad de realizar acciones colectivas que conducen a beneficios mutuos; y mejora los procesos colectivos de creación, transferencia, aprendizaje o gestión de nuevos conocimientos e innovaciones en las empresas.

La generación de capital social con objeto de incrementar la innovación y competitividad de nuestras empresas es un reto especialmente importante en Andalucía porque ésta dispone de un tejido empresarial de reducido tamaño con escasa capacidad de capitalización e innovación de forma aislada. De manera que las empresas andaluzas necesitan cooperar con otras empresas y agentes con el fin de obtener los recursos y capacidades necesarios para poder explotar nuevas oportunidades.

En el ámbito colectivo, la puesta en valor del capital social en un territorio favorece un desarrollo social cohesionador, en el que los agentes interactúan sobre la base de la confianza, unos valores éticos compartidos de solidaridad y cooperación y unas normas formales eficientes que sustentan el proceso de desarrollo, en vez de fundamentarse en la competitividad a través de la devaluación de precios vía reducción de costes laborales.

Las empresas de economía social en general, y entre ellas las sociedades laborales, constituyen modelos empresariales con ventajas indiscutibles respecto a otras fórmulas empresariales para la creación y utilización del capital social, puesto que su propia configuración y funcionamiento se fundamentan en aquellos principios que componen el capital social, tales como la cooperación, la solidaridad, la participación igualitaria e inclusiva y el compromiso hacia las personas y el entorno.

Las sociedades laborales no solo han mostrado una mayor resiliencia durante la crisis económica en términos de rentabilidad y mantenimiento del empleo sino que son fundamentales en la construcción del capital social que necesitamos para imponer un nuevo modelo económico.

Por ello, salir de esta crisis con un modelo productivo contrario pasa por incrementar el apoyo institucional y social a las empresas de la economía social, cuyo peso e importancia en nuestro sistema económico tiene que reconocerse e impulsarse. Además, las sociedades laborales y el resto de empresas de economía social deben también tomar consciencia del papel que deben desempeñar, del valor del capital social que poseen, fomentar su acumulación y explotarlo con objeto de mejorar tanto sus beneficios como empresas como los de la sociedad en la que se insertan.

Paula Rodríguez Modroño. Profesora de Economía, Universidad Pablo de Olavide. 

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